viernes, 2 de marzo de 2012

LA PLÁSTICA ROMANA. CARACTERÍSTICAS


La plástica romana: el retrato y el relieve histórico.
La formación de la plástica romana vendrá determinada por el peso de la tradición etrusco-itálica y la creciente incorporación de las corrientes helénicas que , con el triunfo de la propiamente helenística, aportarán una base fundamental a la cultura figurativa romana.
Afirmada la personalidad de esta , como el resto de las manifestaciones materiales romanas , a partir del siglo I a.C. ya se vio también que contaron en no poca medida , factores internos como el influjo de los gustos plebeyos o la influencia de las prácticas artísticas provinciales.
Por encima de otras cuestiones, es un hecho destacado que su importancia para la sociedad, en funciones, entre otras, de autorrepresentación en la esfera pública y privada, o de portadora de contenidos ideológicos y simbólicos principales para la vida pública y oficial , y , por otro lado, el papel histórica de la sociedad romana y la insólita envergadura del Imperio a que dio lugar , tuvieron por resultado una producción inmensa en cantidad y variedad , acorde con la magnitud de los poderosos factores que la desarrollaron y la impulsaron.
El retrato .
Ya en época Republicana tuvo particular trascendencia la aparición del retrato, una de las más importantes aportaciones de Roma a las artes figurativas. Por las fuentes literarias se sabe que en Roma hubo retratos desde tiempos muy antiguos, pero eran al principio retratos intencionales o tipológicos, inscritos en las tendencias de su tiempo.
Del siglo III se ha conservado una obra magnífica, aunque solo la cabeza: el retrato en bronce de un desconocido , atribuido tradicionalmente a Junio Bruto- el Pseudo Bruto- , instaurador de la República. Pudo se obra de un artista griego , quizá de la magna Grecia, o de un taller itálico adiestrado en la plástica griega-En todo caso, muestra rasgos de severidad gestual , de búsqueda de versito en la composición y en el tratamiento de los detalles, que parecen anticiparse a lo que cereal retrato tardo republicano .
Diferentes tradiciones y pulsiones artísticas y sociales coincidieron a finales del a república para hacer surgir el retrato romano republicano por antonomasia. Existía la tradición patricia de lo ue se ha venido a llamar ius imaginum,el derecho, o mejor, la costumbre de apelar a los antepasados y a su recuerdo a través de la mascarilla funeraria, que se hacía en principio de cera, y se conservaban como imagines maiorum en los atrios de las casas.
Como expresión de alcurnia, la representación de los antepasados adquirió un prestigio social que incentivó el gusto por el realismo, subrayó la importancia del rostro y la cabeza como expresión sintetizadora del individuo y animó a trasladar las máscaras a soportes y formas más artísticas y duraderas. Es el paso que pudo darse por la adopción de las tradiciones artísticas helenísticas (retratos helenísticos) sin las que es imposible entender la consolidación del retrato republicano como obra de arte definida formal y estilísticamente. Es cierto que, en su desarrollo, aflora a veces de forma más acusada la tradición de las antiguas imagines, con creaciones muy realistas y expresivas –como el Viejo Torlonia- que se avenían muy bien al propósito de resaltar el ideal del viejo patricio y la función del pater familias en la sociedad romana. Pero se comprueba a menudo que el acento en las arrugas y todo lo que hace de los rostros largas y apretadas biografías es, tanto o más que la captación de los rasgos individuales del retratado , el seguimiento de un tipo , una cuestión de gusto o de época acorde con ideales republicanos que seguirán vigentes también en época imperial ( ej. retratos de la primera generación de Emérita Augusta)
La tendencia al idealización propia de la tradición helenística se refleja de forma menos discutible en retratos formulados más claramente con intención ideológica, como ejemplifica el de un personaje principal como Pompeyo Magno , quien convencido de su parecido con Alejandro Magno, y decidido a asociarse a su recuerdo , se hizo retratar con rasgos idealizados- que no dejan de ser profundamente personales- y con un peinado a la griega, como si de un príncipe helenístico se tratase. Cesar, en cambio, prefería que sus retratos subrayaran con crudo realismo, su fisonomía.
Durante el principado , el retrato tuvo su asunto principal en la representación del emperador y de los miembros de la casa imperial. Sentaron escuela los modelos augusteos, que, frente a los ideales republicanos, que enaltecían lo venerable del vejez, impusieron la concepción helenística del soberano ideal , siempre joven , de cuyo vigor dependía la prosperidad del país.
El retostó de Augusto asocio unas pocas referencias a la realidad a prototipos ideales. Su mas famosos retrato es el Augusto de la prima Porta, encontrado en la villa suburbana que su mujer, Livia, tenia en la via Flaminia. Aparece con traje militar en el acto de arengar a la tropa, con formas que hacen explícitas la adopción del modelo clásico del Dorifioro de Policleto, que trasciende al cuerpo y a la configuración misma de la cabeza, el rostro y el peinado. Heroizado ,con los pies desnudos como un dios, de nuevo como una síntesis perfecta entre modelos griegos y elementos romanos que se funden en una realidad distinta, el retrato ofrece la perfecta encarnación de la auctoritas del príncipe. Aquí la estatua exalta la virtus del emperador con el tipo general y con un meditado programa iconográfico desarrollado en la decoración de la coraza: bajo la imagen de Caelum, que sostiene el manto celeste, vuela la cuadriga del Sol precedida por las personificaciones de Aurora y Phosphorus,; en el centro, un general romano
-quizás Tiberio- recupera, de manos de un rey tracio , las enseñas romanas perdidas por Tracio, grupo que flanquean dos personificaciones de las provincias vencidas y los dioses protectores Apolo y Diana, que cabalgan sobre un grifo y una cebra, respectivamente; por abajo cierra la composición la figura tendida de Tellus con la cornucopia. Era una expresión de victoria, de restablecimiento de un orden que tiene una proyección imperial y cósmica, auspiciada por la presencia de los dioses.
Otra imagen del Princeps, el Augusto de la via Labicana ,lo presenta togado , con la cabeza cubierta ( capite velato) a la manera sacerdotal, como símbolo de la pietas, virtud que conciliaba la actitud positiva de los dioses y que formaba, con la genérica y sintética virtus, el binomio principal de la ideología y la concepción de su perfil como dirigente, en el que apoyaba Augusto su programa político .
Los miembros de la familia, los Julio-Claudios, se parecerán a Augusto porque el retrato cumplía la misión de expresar la legitimación para el ejercicio del poder. La idealización se combinó con referencias que los hacen reconocibles, y en el desfile de tipos y representaciones destacan algunos que ofrecen a los emperadores heroizados o divinizados, a menudo desnudos o semidesnudos, con manto recogido a la altura de la cadera y frecuentemente con el brazo derecho en alto sosteniendo una lanza, una iconografía propia de Júpiter que se consagró por haber servido para la imagen del Divas Iulius en su templo del foro romano.
Los emperadores Flavios cambiaron la tendencia a la idealización por un mayor realismo , con retratos mas francos que traducen su extracción burguesa (Ej. retratos de Vespasiano y Tito) trajano ( 98-117 d.C.) recupera las fórmulas mas frías de los modelos augusteos y Adriano (117-138 d.C.), en un cambio importante adopta el tipo de hombre barbado , seguramente por un acercamiento a la imagen del filósofo griego en una destacada proyección de su filohelenismo.
Le seguirán los emperadores de la dinastía Antoniana hasta Septimio Severo ( 193-211 d.C.), lo que dará lugar a retratos de gran barroquismo, por los efectos contratados de la piel brillante y las masas oscuras del cabello y la barba.
Con el anticipo de emperadores como Caracalla ( 211- 217 d.C.) , que abando na la larga barba y concentra la expresión en su rostro iracundo , los emperadores de la narquía militar, en el siglo III d.C. rompen con las modas anteriores e imponene las castrenses- pelo ccorto, barba de pocos días, como descuidada- dejan ver en sus retratos los cambios de la época y el perfil psicológico de sus aguerridos protagonistas.
Por el triunfo creciente de las tendencias irracionales yespirituales, en el marco de los cambios ideológicos y de mentalidads producidos en el Bajo Imperio , los retratos imperiales acentúan la expresividad- y el tamaño- de los ojos y de la mirada, en un abandono creciente del naturalismo helenístico y una exageración de lso rasgos que conecta con las mencionadas tendencias plebeyas y encuentra una de sus manifestaciones en una gestualidad, como la mirada elevada, que presenta al soberano como “ inspirado” por la divinidad.
El célebre grupo de los Tetrarcas de Venecia, traídos de Constantinopla y reutilizados en la fachada del Tesoro de San Marcos , representa bien las tendencias formales del a retratística y la escultura tardorromanas, con su alejamiento general de los cánones clásicos y la expresividad de los rostros , de ojos atónitos y la mensionada búsqueda de efectos psicologistas y de expresión de espiritualidad; y todo ello sin mencionar el uso del pórfido, la dura roca tan preferida por la tradición escultórica egipcia, que gozará de gran estima en la Antigüedad tardía. La misma espiritualidad anima el rostro del retrato colosal de Constantino , procedente de la Basílica Nova de Roma, que, aun en la pasividad de sus rasgos de coloso, deja ver el clasicismo que animó el arte y el retrato de la época, al tiempo que la enormidad general de la escala subraya la importancia concedida a la magnitud y la expresividad de los ojos , con la pupila profundamente marcada y dirigida hacia arriba. Son, en suma, las notas propias del a retratística y el arte de la última época del Imperio Romano.
El relieve histórico
El relieve histórico, por su parte, es en Roma a la Historia lo que el retrato a la biografía. Como en éste, se funden realidad e idealización en un afán por dejar constancia de hechos principales, al tiempo que se acomodaban al propósito de transmitir importantes mensajes sociales, ideológicos y , en suma, políticos. Una temprana muestra la proporciona uno de los escasos monumentos relicarios de interés conservados de la época tardorrepùblicana: el llamado Altar de Domicio Ahenobarbo, una creación de hacia el 100 a.C. Se trata de una gran basa rectangular con relieves en sus cuatro lados , que representa en tres de ellos el cortejo marítimo de Poseidón y Anfítrite. El tema y al composición, de clara raigambre helenística y gusto pergaménico, contrasta con las escena del cuarto lado , verdadero incunable de los relieves conmemorativos romanos .Parece representar una escena de censo de la población o de licenciamiento de las tropas tras una campaña y la ofrenda a Marte de una suovetaurilia ( sacrificio de un cero, una carnero y un toro) . si en la escena griega predomina la continuidad, la imbricación sinuosa de las figuras, en la romana reina la rigidez, la composición paratáctica con elementos yuxtapuestos, el uso de una escala jerárquica que concede mayor tamaño al dios Marte o a personaje o o motivos principales.
Este anticipa una gran obra maestra para el relieve histórico romano, con la suma de lementos legendarios y la conmemoración de electos históricos, ya de época de Augusto. el Ara Pacis
Situado en el Campo de Marte, asociado al gran Horologium Augusti y a su complejo programa ideológico , fue consagrado en el año 13 a.C. , a la vuelta de las campañas en la Galia e Hispania, y dedicado en el año 9 a.C. Se dispone como una estructura muy sencilla : un pequeño recinto sagrado ( templum) cuadrangular, con doble puerta, con el altar en el centro , según una sobria configuración que materializa, en mármol, la efímera del altar y el recinto originarios ( de madera) Su ornato escultórico señala una cima del arte romano con enormes consecuencias en la posteridad , y una rotunda expresión, de nuevo, de su consustancial eclecticismo. Un largo relieve en dos lienzos , en las caras externas sur ( la más importante y mejor conservada) y norte, representa, con lenguaje de porte profundamente clásico , neoático, la procesión de la consagración del ara en el año 13 a.C. en la que participaron Augusto, Livia, ( su mujer) y los principales miembros de la Familia ( Agripa, Julia, Tiberio…) Era una confirmación del papel político de la casa imperial y de su carácter dinástico , con una rigurosa consideración de quienes y cómo están representados. A su misma altura , cuatro lados que flanqueabab las puertas representaban en el lado oeste, temas de la leyenda romana; la gruta del lupercal, con Rómulo y Remo, y Eneas dispuesto a sacrificar la cerda blanca a los dioses penates, en el lado este, dos cuadros alegóricos: la Paz, com una Diosa Tierra, entre figuras que aluden a su carácter frugífero, y Roma con atuendo amazónico , en un panel casi perdido .Los cuatro son frías composiciones arraigadas en el repertorio academicista de matriz helénica.
Todo el zócalo exterior , bajo la procesión y los cuadros, contiene la representación de hermosas plantas de acanto que cubren cada uno de los paneles, y sobre los que se encaraman cisnes asociados a Apolo , el dios tutelar de Augusto . Son para muchos ,lo mejor del monumento, una delicada composición en línea con la tradición helenizante de toda al obra, pero proyectada aquí con un primor exquisito , en una sabia composición que haría escuela y que trasmitía,, con la fuerza de las ideas geniales, la idea de una época de prosperidad, expresada en la exuberancia de una naturaleza en pleno esplendor, que rezuma viveza, y todo ello al servicio del enaltecimiento del soberano que se presenta como numen de la fecundidad y la prosperidad de Roma y del Imperio. La pietas, tanto cívica como la debida a los dioses, imprescindible como trasfondo de todo empeño mayor, se expresaba en la cara interior de la tapia, la que miraba al verdadero altar situado en el centro: sobre un sencillo zócalo que evocaba la valla de tablas del primer templum, bucráneos con guirnaldas e instrumentos sacerdotales aludían a los sacrificios realizados y por realizar en el ara.
Los relieves históricos se multiplican después en multitud de monumentos conservaos con muy distinta suerte. En época Flavio destacan los dos grandes paneles del vano interior del arco de Tito del foro, que ilustran su entrada triunfal a Roma tras la victoria sobre los judíos. Sobresale en ellos el abandono del formalismo aticista para dar paso a una composición más ilusionista o pictórica, que da aire al cuadro relicario a destacar

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